Rainbow Gatherings, ¿una pequeña utopía?

Acabo de pasar una semana en con «la familia arcoiris» en la región de Ariège en el sur de Francia, donde se celebra el «Rainbow» o Encuentro Arcoíris europeo de 2021. Ya había pasado otros tantos días en el encuentro mucho más pequeño que tuvo lugar en 2016 en la Sierra de Guara (Huesca).

De este último encuentro, aún activo mientras escribo, me gustaría compartir las siguientes impresiones e ideas por la ruptura cultural que suponen estos eventos. He intentado en este texto ser justo tanto con sus luces como con sus sombras.

Vamos por partes, que tiene esto mucha miga.

Introducción

Estas comunidades intencionales efímeras surgieron en los años 70 en los EE.UU. Hoy se celebran en todo el mundo pero sobre todo en Norteamérica y Europa.

Lo que no son los Rainbows: no son un festival (no se cobra entrada), ni una fiesta (no hay alcohol y no se recomiendan las drogas), ni una rave (no hay altavoces).

Desde luego no son «una concentración de cientos de personas desnudas y practicando sexo« que tituló La Sexta ofreciendo un patético ejemplo de como no hacer periodismo. Lo únicos gemidos que se oían eran los de las personas que se duchaban en agua bien fría.

Lo que sí son: encuentros informales en torno a unos valores comunes: paz, armonía, espiritualidad, libertad y apoyo mutuo. Duran casi un mes (de luna nueva a luna nueva) y pueden atraer desde un par de decenas de personas a varios miles. Suelen tener lugar en en parajes naturales en suelo público.

Son eventos descentralizados e informales (no tienen web oficial). Eso sí, hay un foro online donde pueden consultarse las noticias relacionadas con estos eventos: Rainbowforum.net En este foro se pueden encontrar unas intrucciones para llegar a cada encuentro o al menos hay un email donde pedirlas. Las indicaciones suelen consistir en un dibujito y son deliberadamente poco detalladas e implican varios kilómetros a pie. La razón es evitar «curiosos» y lograr cierta intimidad.

Por cierto, existe un «Manual» en inglés y francés.

En el evento en sí no hay separación entre organizadores y público (solo hay diferentes grados de implicación) y el trabajo y los costes se aportan de forma no controlada a través de trabajo (en la cocina por ejemplo) y de dinero en el notorio «sombrero mágico». Todo viene una metodología refinada que se aplica de forma «orgánica» y flexible en cada momento. Por ejemplo, si en un momento dado hacen falta manos para cortar verduras (la comida es vegana) siemplemente se grita «Help in the kitchen, noooow!» y enseguida acude gente a ayudar. Hay tipis que levantan grupos afines y se convierten en espacios de uso común.

Viniendo de un sistema donde todo parece necesitar un preciso control, donde no quede ningún cabo suelto, etc., encontrar un lugar que funcione razoanblemente bien de esta manera es cuando menos refrescante. Por cierto, a modo de curiosidad fue en un Rainbow la primera vez que se separó la basura.

Hay una identidad fuerte para quienes participan (hay quienes encadenan encuentros y lo ha hecho su forma de vida). Por cierto, al mundo fuera del Rainbow se le denomina «Babylon» y a sus habitantes «babilonios».

La fuerza de la comunidad

Sin duda, la fuerza de atracción que ejercen estos encuentros sobre los individuos tiene todo que ver con la comunidad. Cantar juntos, tomarse de la mano, saberse parte de una comunidad en la que todo el mundo está predispuesto a ayudarte es muy potente.

Los seres humanos no dejamos de ser mamíferos sociales. En una sociedad consumista e individualista estamos muy necesitados de sentirnos parte de algo más grande que nosotros y de que se nos reconozca internamente nuestra pertenencia al grupo. El fascismo y el nacionalismo en general, por ejemplo han sabido explotar con éxito esta necesidad; esto se explica elocuentemente en la película La Ola.

Lo que se grita cuando llega gente nueva

De hecho, a pesar la ausencia de referencias judeocristianas, hay puntos en común entre el Rainbow y la parroquia. Resulta que cantar al unísono tomados de la mano es un ritual muy potente, que he podido experimentar en primera persona. Sentir el aire vibrar por el canto de cientos de personas entre las estás tú es una sensación muy especial. Todo el mundo parece dispuesto a ayudarte si lo necesitas, a mirarte a los ojos y a compartir cuando no a expresarte directamente que te quieren es muy reconfortante. Mención aparte merece la música, rica y abudante casi durante las 24 horas del día. Hay todo un género musical de «canciones rainbow». Es un deleite disfrutar de los instrumentos musicales alrededor del fuego, fuego que se agranda para la luna llena donde se arma un akelarre hasta el amanecer que bien merece su nombre.

Una de tantas canciones Rainbow

Por otro lado, el ambiente de solidaridad y apoyo mutuo que existe es difícil de encontrar en otro lugar. A pesar de que la comida es escasa (no hay donde comprarla y hay que acarrearla, a veces por horas), la gente la comparte gustosa con gente que acaba de conocer. Se encuentra placer en servir a los demás. Cuando me apunté a servir comida, cada vez que llenaba un plato (y fueron cientos) y se me daba las gracias, era emocionante. La gente aprecia continuamente el trabajo de los demás. Y cuando las comidas se retrasan o la ración es más pequeña nadie se queja (como cuando nos dieron poco más que tomate a las 11 de la noche), porque se entiende que se ha llegado hasta donde se ha llegado. La gente suele pedir y ofrecer lo que es necesario en cada momento para que todo el mundo pueda disfrutar de la experiencia.

Por ejemplo, al entrar en un tipi atestado, aparecen manos de la gente que está sentada para ayudar a los que entran y no se caigan. Luego, alguien se ha molestado en preparar un té en un gran olla que se mete en el tipi. Si te toca la olla al lado, sabes que te va a tocar servir.

Es un sentimiento comunitario muy fuerte y para muchas personas su primera vez experimentando vivir en comunidad.

Si Rainbow es el nombre de pila, Healing, es el apellido. Y es que hay un fuerte componente terapéutico, que tiene que ver con vivir en comunidad en la naturaleza por unos días. Al ser un espacio tan inclusivo personas de difícil encaje en «Babylon» pueden sentirse integradas y útiles aportando a la comunidad. Esa reconexión con la naturaleza y con uno mismo, sospecho, es lo que engancha a la mayoría a volver.

También resulta un paraíso para los niños y niñas, que pueden jugar libres y aprendiendo a medir sus propios riesgos vigilados por la tribu.

Usé mi grabadora para entrevistar a algunas personas que me contaron su experiencia en el encuentro. Me encontré con varios jóvenes que describían su experiencia como la más transformadora de sus vidas y como un «despertar».

Vídeo desde fuera de un tipi

Espiritualidad por encima de todo

Aunque una primera impresión parezca indicar que hay una masa bastante homogénea, que viste y piensa parecido, la realidad es más compleja y realmente existe una gran diversidad humana como su propio nombre indica. Eso sí, casi todas las pieles son blancas.

Lo que une al grupo es una fuerte cultura hegemónica que se basa en dar una gran espacio a la espiritualidad. Este pegamento permite que se llamen entre sí «hermano» y «hermana».

El fuego ocupa un lugar central tanto literal como simbólicamente. El fuego se considera sagrado y se rodea de un círculo de piedras, que deben tocarse entre sí, y dentro del cuál solo se debe entrar descalzo. Esto junto a no hacer fotos es una de las pocas reglas explícitas.

No hay un sistema de creencias común concreto sino una amalgama de variados elementos tomados de fuera del mundo occidental, que cada cuál cree en mayor o menor medida. A saber: hinduísmo, budismo, espiritualidades indígenas americanas (tanto del norte como del sur) así como brujería, reiki, runas, calendario maya, astrología, tarot, conspiraciones, etc. No me sorprende que la comunidad rainbow haya sido acusada de apropiación cultural y de ser «la supremacía blanca más subversiva».

Parecería como si ese fuerte deseo de conectar con la naturaleza de forma pura y directa requiriera rechazar un sistema de pensamiento basado en la razón o científico, que nos permitiera discernir entre lo verdadero y lo falso. Personalmente no creo que la espiritualidad tenga que estar necesariamente reñida con la razón. Es más, creo que ser más espirituales ayudaría a tener vidas más plenas y felices. Solo que no creo que necesitemos renunciar a discernir lo verdadero de lo falso a través del razonamiento y que la experiencia subjetiva propia o las anécdotas sean suficiente para construir un sistema de pensamiento. Eso, nos deja a merced de lo que nos cuente un cura o una adivina charlatana.

Medidas sanitarias y Covid-19

Una consecuencia negativa de lo anterior, es la gran penetración del negacionismo covid. Esto hace que se hayan tomado medidas higiénicas insuficientes para minimizar riesgos. Si os imagináis que poca gente se ha vacunado, estáis en lo cierto. Recuerdo un cartel que buscaba nuevos miembros para una comunidad en Hungría con la condición de que no usaran drogas y no estuvieran vacunados [sic]. Las mascarillas o distancia de seguridad, como os lo podéis imaginar, brillaban por su ausencia.

Aun sin Covid, las afecciones de estómago y enfermedades han sido siempre comunes entre quienes acumulan varios días en el encuentro (como puede pasar en otro tipo de encuentros también), especialmente si el tiempo es húmedo como ha sido el caso del Rainbow europeo 2021 en Francia. Aunque cada uno se haga cargo de su plato y se hagan esfuerzos por que el cazo no toque los platos individuales, basta con que haya un guiso en dudos estado para extender la diarrea. Para rematar la crítica sanitaria, la comunidad, a mi parecer, falló en levantar un servicio médico apropiado para una aglomeración de este tipo, lo que resulta peligroso cuando el encuentro tiene lugar a varias horas a pie de la carretera más cercana.

Como apunte histórico, en 2017, un hombre belga murió al caérsele un árbol sobre su tienda por las fuertes lluvias. Si hubiera necesitado urgentemente una ambulancia, habría muerto igualmente.

Sencillez y frugalidad

Uno de los aspectos que más valoro de estos encuentros, es la ruptura que suponen con una experiencia de consumo. Las duchas -si hay- son básicas. Las letrinas consisten en una zanja acotada y se pide no usar papel higiénico (cualquier hojita o musgo bastará). La comida aunque vegana y orgánica es irregular y tirando a escasa. Con esto quiero decir que como «producto» terapéutico-vacacional se no llega a los estándares habituales del ciudadano-consumidor, por barato que pueda salir. Acostumbrados como estamos muchos al agua caliente, a disponer de una nevera, a tener una tienda a mano, enfrentar varios días en las condiciones descritas supone un desafío, al que luego resulta más fácil adaptarse de lo esperado. De hecho, diría que la familia arcoiris lo ve como parte de la experiencia.

Un hecho a mi parecer muy interesante es la invitación implícita a deshacernos de todo el aparataje moderno como el móvil, el reloj, las gafas de sol, cartera, etc. Realmente, es refrescante comprobar lo fácil que resulta la vida sin pantallas, ni exceso de opciones, que más que ayudarnos muchas veces nos anestesian de tanto estímulo. Hasta diría que se gana en claridad mental por el mismo hecho de vivir de forma sencilla y lenta varios días.

Nuestra vecina japonesa nos deleitó con su cante

Espacio liberado pero despolitizado

A nadie se le escapa que organizar un encuentro arcoiris resulta difícil operando desde la estricta legalidad. Aunque se intenta buscar el entendimiento con las autoridades locales, este no siempre es posible y hay cuestiones como la del fuego, que en algunos países como España choca directamente con la ley. El fantasma de las multas o el desalojo no amilana a nadie y los encuentros se acaban celebrando aun sin el permiso de las autoridades pertinentes. La policía suele hacer acto de presencia pero acaba considerando que esperar pacientemente a la siguiente luna es mejor idea que lanzarse a un desalojo de un encuentro, que a nadie molesta.

A mí, que entre otras cosas me dedico a organizar acciones de desobediencia civil con Extinction Rebellion y sé lo difícil que es, me maravilla la capacidad de la «familia arcoiris» para lograr que cientos o miles de personas desobedezcan la autoridad y se arriesguen a una multa. Si pudiéramos conseguir que esas dos miles personas del Rainbow europeo participaran en una acción de desobediencia masiva por el clima en el centro de Madrid, abriríamos los telediarios.

Sin embargo, ese gran poder no se ha usado para la transformación social. Eché en falta más presencia de problemas ecológicos o políticos en las conversaciones o talleres. Parecería que se recomendara evitar temas que potencialmente pudieran perjudicar el ambiente de unidad y amor que se respira.

Aunque me consta que algunos participan políticamente en la sociedad, en conjunto no parece en absoluto que estemos ante un grupo político. Si buscamos en Rainbowforum.net con miles de posts desde hace años la palabra «spiritual» aparece 214 veces, mientras que la palabra «activist» aparece 12 veces, dándonos una idea de las prioridades de la comunidad.

La narrativa de vuelta a un paraíso natural…

La «vuelta a la naturaleza» parece el eslogan no oficial que nutre el esfuerzo por construir un ejemplo redivivo de cómo podría vivirse de otra manera radicalmente diferente. Esta utopía demostraría cómo una comunidad puede funcionar de manera horizontal, no jerárquica, sin relojes ni pantallas priorizando lo común sobre lo individual, priorizando lo espiritual sobre lo material, el amor sobre el egoísmo, etc.

Parecería que la difusa ideología arcoiris se construye sobre una narrativa que romantiza cierto pasado impreciso donde la gente vivía feliz en comunión con la madre naturaleza, no existían grandes problemas, etc. No en vano, los mitos basados en un pasado idílico han sustentado infinidad de identidades nacionales e ideologías que no vamos a nombrar (las comparaciones son odiosas).

Picado por la curiosidad, acudí a un taller de «metapolítica» donde un hombre atacaba la república francesa «que no nos deja ser libres desde hace 100 años» y a la Unión Europea que «quiere destruir a las naciones de Europa» para rematar con -agárrense- «ahora no nos dejan ser hombres y la policía puede arrestarte por hablarle alto a una mujer». Igualmente, elogiaba la Edad Media como periodo incomprendido e infravalorado pues «¿qué monumento hemos creado en esta época comparable a las grandes catedrales medievales que han llegado a nuestros días?». Después de 10 minutos me levanté y me fui junto con otra chica.

Conclusión

No lo encontrarás en el Rainbow:

  • Una fiesta sin pretensiones
  • Un foco revolucionario transfeminista (o de cualquier clase)
  • Un camping con todas las comodidades

Lo encontrarás en el Rainbow:

  • Fuerte sentimiento de apoyo mutuo
  • Un ejemplo vivo de comunidad anarquista en la naturaleza
  • Espiritualidad de todo tipo
  • Música en vivo de calidad
  • Habitantes de los márgenes de la sociedad
  • Pies sucios y sonrisas radiantes
  • Riesgo de pillar algún tipo de virus

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