Reseña de «El Ministerio del Futuro» de Kim Stanley Robinson

Kim Stanley Robinson, uno de los escritores de ciencia ficción vivos más aclamados, ha terminado con las narraciones del espacio profundo. Ahora se dedica a resolver problemas reales, como el cambio climático.

En esta novela las narrativas utópicas basadas en el progreso técnico y las que lo hacen en el cambio social se encuentran.

Aunque su novela sugiere que la gente recurrirá a la violencia física si la situación no se controla, Robinson cree que podemos evitarlo. Todavía hay tiempo para lo que él llama «una retórica de las acciones» que sugiere los mejores métodos de desobediencia civil y resistencia física. ‘En todo el planeta, las leyes deben cambiar, e insistir en la buena dirección’. Pero eso no es todo: ‘Necesitamos acciones en todos los frentes de la sociedad’.

Robinson se inspira en su amiga, la difunta y gran Ursula Le Guin, que le «enseñó, o trató de enseñarme, a centrarme en los personajes de la historia y en sus vidas emocionales, ya que son fundamentales para el funcionamiento de la ficción; también, a ceñirme a un tipo de realismo que es más psicológico que físico».

No es demasiado tarde para crear nuevas narrativas que den la voz de alarma. La ficción es siempre una de las principales formas de crear significado, y necesitamos mucho el significado, así que la importancia está clara.

Kim Stanley Robinson

Situada en 2025, el propósito de la nueva institución llamada «El Ministerio del Futuro» es simple: abogar por las generaciones futuras del mundo y proteger a todas las criaturas vivientes, presentes y futuras, proponiendo políticas audaces a los gobiernos del mundo así como sus propias iniciativas.

Abril 2022: una intensa ola de calor está afectando a India y Pakistán. Cientos de millones de personas se ven afectadas por las temperaturas extremas en el sur de Asia, con importantes consecuencias para las poblaciones más vulnerables.

Comienza la novela con un ejemplo bien impactante y actual de a qué nos enfrentamos. Un acontecimiento que los científicos temen que sea cada vez más probable en nuestra vida: una ola de calor del llamado «bulbo húmedo», en el que se combina una humedad del 100% y una temperatura sobre 35º para matar a millones de personas en días en la India, una forma novelada y más extrema de la reciente ola de calor en India con máximas de 47º, que ha ocurrido recientemente, es decir, en el año más estable y fresco del resto de nuestras vidas. Uno de los protagonistas sobrevive esta tragedia pero queda traumado.

El autor comenta en una reciente entrevista su irritación ante la multitud de intelectuales que hablan de «adaptarse a un aumento de 4 grados; no se han del problema del bulbo húmedo al que simplemente no podemos adaptarnos. Me pareció inexcusable, negligente o estúpido, mantener esa posición». Por no hablar, -añado yo- de que con 4º más lanzaríamos al clima de la Tierra a un infierno en el que la Península Ibérica por ejemplo, quedaría reducida a desierto.

El Ministerio del Futuro es una obra dedicada a la imaginación de cómo la crisis climática nos afectará en las próximas décadas. Hay espacio para el ecoterrorismo alentado desde dentro y fuera de las instituciones, para huelgas de hipotecas y préstamos bancarios y para muchas otras cosas que hoy parecen inconcebibles. Incluso una nueva espiritualidad que buscaría la armonía con todos los seres, se expandería…

Su escenario no es un mundo post-apocalíptico desolado, sino un futuro que está casi sobre nosotros, y en el que podríamos superar los extraordinarios desafíos que enfrentamos. Es una novela tan inmediata como impactante, desesperada y esperanzadora en igual medida. La novela no hace una propuesta científicamente rígida para resolver la crisis climática. Stanley Robinson es un autor muy informado y comprometido, y en este libro hay una serie de ideas intrigantes y bien investigadas, como una cryptomoneda (carbon coin) que incentivaría la economía a descarbonizarse.

Por otro lado, me parece que el autor privilegia en exceso la geoingeniería como herramienta central con la que abordar la crisis climática. Un cambio en valores y narrativas me resulta más necesario y efectivo para abordar la situación. Lo que apenas se aborda: la dimensión clase, género, raza y sobre todo cambio de paradigma sobre la noción de progreso. Políticas inevitables si se quiere un decrecimiento justo como el racionamiento o cuotas de carbono brillan por su ausencia.

Me quedo con que el libro abre la mente a que soluciones (en plural) a la crisis climática y a la desigualdad global no solo son necesarias sino que son posibles, que pueden imaginarse, y que ésta podría ser una de las formas en que se desarrolla la historia humana.

Termino con algunas citas:

«Tal vez tengas razón. Tal vez no exista la justicia, en el sentido de algún tipo de reparación real de un mal. No hay ojo por ojo, sea como sea. Especialmente la justicia histórica, o la justicia climática. Pero a largo plazo, en cierto sentido, eso es lo que tenemos que intentar. De eso trata nuestro ministerio. Intentamos poner las cosas en orden para que en el futuro, a largo plazo, se cree algo parecido a la justicia. Algún libro de cuentas a largo plazo de más bien que mal. Doblar el arco de la historia y todo eso. No importa lo que haya pasado antes, es lo que podemos hacer ahora».

«Para ser claros, concluyendo en pocas palabras: hay suficiente para todos. Así que no debería haber más gente viviendo en la pobreza. Y no debería haber más multimillonarios. La suficiencia debería ser un derecho humano, un suelo por debajo del cual nadie puede caer; también un techo por encima del cual nadie puede subir.

«Se llama socialismo. O, para los que se asustan con esa palabra, como los estadounidenses o los capitalistas internacionales de éxito que reaccionan alérgicamente a esa palabra, llámenlo distritos de utilidad pública. Son casi lo mismo. La propiedad pública de las necesidades, para que éstas se proporcionen como derechos humanos y como bienes públicos, sin ánimo de lucro. Las necesidades son la comida, el agua, la vivienda, la ropa, la electricidad, la atención sanitaria y la educación. Todos ellos son derechos humanos, todos son bienes públicos, que no deben ser nunca objeto de apropiación, explotación y lucro. Así de simple».

Si vas a comprar el libro, te invito a hacerlo en tu librería independiente más cercana.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: